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Padres hasta el Final

La Crianza de Hijos Adultos para una Paz Mental y para su Rendición de Cuentas

Pensamiento del Viernes para Reflexionar: ¿Qué Pasa con los Niños?

Publicado el February 6, 2015 | 0 comentarios

por Linda Herman

Traducido por Lupe Hernandez

¿Qué Pasa con los Niños?

Esta es una pregunta que he escuchado repetidamente desde que escribí mi libro Padres hasta el Final. La volví a escuchar otra vez hace dos días, por una mamá/abuela.  No estaba hablando de sus propios hijos, sino de los hijos de sus hijos.  Sus hijos adultos están muy bien.  Son profesionales respetables en su carrera.  Pero está mujer tiene algunas preocupaciones sobre la forma en que sus hijos están criando a sus propios hijos.

Ella no está sola

En entrevistas por la radio y conversaciones a través del país, así como en mi oficina, los baby boomers están opinando sobre este tema.  Dicen, “Me preocupo sobre la siguiente generación de niños. ¿Cómo van a ser?”  Aunque cada generación difiere en la forma de dar crianza, algunas preocupaciones son legítimas.

He aquí dos ejemplos:

  • Una mujer se queja que su hijo adulto y su pareja viven con ellos junto con su niño de tres años de edad.  La joven pareja no se motiva particularmente para tomar el siguiente paso a la independencia.  No tiene suficiente dinero para pagar renta, pero se las arreglan para ir al Starbucks varias veces a la semana.  A su hijo lo dejan de abuelo en abuelo, mientras que papá y mamá tienen su noche libre semanalmente con las amigas y los cuates.   Los abuelos piensan que al nieto, quien tiene cualquier juguete imaginable, lo están descuidando los padres.
  • Una pareja adinerada, que va de prisa para llegar a sus respectivos puestos de trabajos diariamente, enfrenta el lloriqueo de los hijos prometiéndoles sorpresas al final de cada día de trabajo.  Los niños se calman, pero plenamente esperan alguna nueva distracción de Mami o Papi cuando lleguen a casa.  Ni Dios lo quiere que se les olvide llegar a la tienda después del trabajo.  La abuela se pregunta que mensaje les están dando con la entrega diaria de nuevos juguetes.

Observé este siguiente ejemplo hace dos días en un restaurante.  Una familia de cinco llegó casi al mismo tiempo que mi esposo y yo.  En el grupo estaban la mamá y el papá, su hija adolescente, y los que semejaban ser dos abuelos.  En un principio parecía ser un grupo feliz.  Ya que estaban sentados en la mesa de al lado de nosotros, tuve la oportunidad de observar casualmente.  Los abuelos y la niña continuamente entablaban conversación con los padres.  Pero durante la poco larga espera para que sirvieran la cena – eran un lugar ocupado – los ojos de los padres estaban enfocados es sus teléfonos.  Estaban cada uno casi ajenos a la presencia de los demás, mientras que todo el tiempo se la pasaron mandando mensajes de texto.   Su hija, quien se sentaba junto a ellos en un reservado, los miraba de cerca con su codo en la mesa y su mentón recargado en la palma de su mano.  Me pregunto si esto es lo normal para ella. En ocasiones los padres lanzaban una mirada, pero la mayor parte del tiempo contestaban con sus caras fijas en los teléfonos.

Que oportunidad tan desperdiciada para todos.

Nadie somos ni seremos nunca padres perfectos.  Pero hay algunas lecciones que les benefician a los niños.  Estas situaciones me hacen recordar algunas de estas lecciones:

1.     Los niños necesitan aprender a lidiar las recompensas tardías.  En la vida real no lo tenemos todo ni se nos da al momento.

2.     El lloriqueo no debe ser premiado, cualquiera que sea la razón.

3.     El tiempo con la familia es el regalo más preciado de todos.  El mejor obsequio es su presencia.   No está usted completamente presente si se encuentra preocupado por mandar textos o alguna otra actividad.   Es bueno descansar de sus “conexiones”  de su mundo inalámbrico y conectarse con la persona que está sentada junto a usted.

 

 

 

 

 

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