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Pensamiento del Viernes para Reflexionar: La Guerra de Mujeres contra Mujeres

Publicado el June 20, 2014 | 0 comentarios

La Guerra de Mujeres contra Mujeres

por Linda Herman, LMHC

Traducido por Lupe Hernandez

Elizabeth Armstrong y Laura Hamilton, las dos profesoras universitarias, nos muestran de cerca a las jóvenes universitarias de hoy en día através de sus cinco años de vida sumergidas en los dormitorios de una gran universidad del Medio Oeste.  Su libro, Praying for the Party, revela sus hallazgos.  A nosotros nos gustaría pensar que la experiencia universitaria y la vida de los dormitorios son grandes ecualizadores para las mujeres después de la preparatoria, pero simplemente no es el caso.

En su lugar, existe una jerarquía social, basada en el ingreso familiar de uno,  en la cantidad de deuda financiera que uno incurrió, en los medios sociales y  las perspectivas financieras.  Estas jerarquías se extienden más allá  de los años universitarios llegan hasta las opciones cotidianas y los cambios profesionales después de la graduación universitaria.

Como residentes observadoras de la vida en los dormitorios, las autoras del libro vieron de primera mano la forma en que esta jerarquía desempeñaba su papel en los dormitorios.  Olga Khazan escribe sobre sus nuevos estudios publicados en el Social Psychology Quarterly, en The Atlantic. (http://www.theatlantic.com/health/archive/2014/05/theres-no-such-thing-as-a-slut/371773/).  Armstrong y Hamilton concluyeron que la desigualdad económica “impulsó a muchas diferencias en las formas en que las mujeres hablaban sobre la conducta sexual apropiada.”

Este término “avergonzar a la ramera”  era nuevo para mí.  Llamar ramera a alguien que no te agrada garantizaba hacerla sentirse mal. Curiosamente, hubo una división de clases en cómo este término se ve y se aplica.  Las jóvenes de opulencia consideran el sexo casual (fuera de una relación) bueno, siempre y cuando no se involucre la penetración vaginal.  Gracias al presidente Bill Clinton, con frecuencia “conectarse” con un tipo para tener sexo oral no se considera un comportamiento vulgar para estas mujeres.

Las mujeres de menos recursos económicos tendían a tener lo que sonaba como una visión más conservadora.  Para ellas, todo el sexo y el conectarse con alguien pertenecían a relaciones estables.

Lanzar la palabra “ramera” una a la otra no se limitaba solo a comentar sobre el comportamiento sexual de uno.  Podía ser utilizado cuando se quería insultar a alguien por ser grosera o anticuada.  Mientras que la mayoría de los insultos a las rameras se hacían en privado, las jóvenes de opulencia eran más propensas a humillar públicamente a aquellas de bajos recursos socioeconómicos.  Esto ocurría cuando la menos opulenta se atrevía a tratar de entrar al grupo social de las ricas.

¿Por qué se da este caso? Al parecer las mujeres afluentes se sienten superiores a la menos afluentes. No fue suficiente que ellas tenían más dinero, acceso al sistema de hermandad, mejores relaciones sociales, y otras alternativas.  Participaban activamente en la búsqueda de perjudicar a las otras mujeres. Esto me suena como una guerra de mujeres contra mujeres.

Me supongo que todas estas jóvenes tomaron entrenamiento sobre la diversidad en la escuela preparatoria o en la universidad.  Seguramente aprendieron  el respeto a otros grupos, basados en la raza, la identidad de género, y la etnicidad.  Pero tal vez se les pasó por alto el curso de cómo tratar a las personas de menor nivel socioeconómico.

Nosotras podemos y debemos ser mejores.  Revise la actitud de sus hijas y sus nietas hacia los demás, especialmente de aquellos que consideran “inferiores”.  Un curso acelerado sobre la formación de carácter puede que sea necesario antes de que se vayan a los dormitorios el próximo otoño.

 

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